Cada día espero
esa hora incierta
en que muere la tarde
y la luz deja paso a las sombras,
porque en la penumbra
de la casa vacía
vuelve tu recuerdo
a cada esquina
de mi corazón deshabitado.
Tal vez haya llegado el momento
de reposar en tus ojos
la mirada
deslizándome suavemente
por los días,
dejándome llevar
como un barco de papel
sobre las aguas,
y atesorando en el alma
atardeceres.